Conferencia de mujeres reúne a episcopales de Brasil y Uruguay

Por Lynette Wilson
Posted Nov 27, 2014
El primer día de la conferencia, que se celebró el 8 y 9 de noviembre, a cada mujer le dieron dos pedazos de papel, uno de ellos con un ojo abierto y el otro con un ojo cerrado. En el del ojo cerrado se les pidió que apuntaran cosas, personas, situaciones en sus comunidades que estuvieran reprimidas, dormidas o muertas. En el papel con el ojo abierto les pidieron que anotaran cosas, personas y situaciones a las que la Iglesia haya sustentado o dado vida. Foto de Lynette Wilson/ENS

El primer día de la conferencia, que se celebró el 8 y 9 de noviembre, a cada mujer le dieron dos pedazos de papel, uno de ellos con un ojo abierto y el otro con un ojo cerrado. En el del ojo cerrado se les pidió que apuntaran cosas, personas, situaciones en sus comunidades que estuvieran reprimidas, dormidas o muertas. En el papel con el ojo abierto les pidieron que anotaran cosas, personas y situaciones a las que la Iglesia haya sustentado o dado vida. Foto de Lynette Wilson/ENS

[Episcopal News Service – Montevideo, Uruguay] Algunas de las mujeres empezaron a ahorrar dinero con más de seis meses de antelación y algunas viajaron 12 horas en autobús desde el otro lado de la frontera para asistir a esta conferencia binacional, que ha unido durante más de ocho años a mujeres brasileñas y uruguayas mediante historias de dificultades, de valor, de energía y de amor.

Su mundo está cambiando, y unas cuantas mujeres están asumiendo papeles de liderazgo. Sin embargo, aún hay mucho que hacer para cumplir con la progresista Convención de Belém, que exigía de los países que la firmaron hace 20 años que educaran a sus pueblos en los derechos de las mujeres, a combatir el machismo y a aprobar leyes para proteger a las mujeres de la violencia.

A principios de este mes, 100 mujeres y más de una docena de hombres en representación de las tres diócesis del extremo sur —Sur-Occidental, Meridional y Pelotas— de la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil y la Diócesis Anglicana del Uruguay se reunieron en un centro de retiro espiritual a 30 minutos de esta capital para una conferencia de dos días centrada en el tema “Las mujeres de la Iglesia comprometidas con el cambio social”.

Las mujeres dijeron que la reunión anual ofrece el espacio para compartir historias y entablar relaciones que las faculten en sus ministerios comunitarios. Una de las formas en que las mujeres manifiestan su compromiso con el cambio social en sus comunidades es mediante la toma de conciencia sobre la prevención e intervención de la violencia de género.

La violencia contra las mujeres y los niños está muy extendida y suele ser cosa corriente a través de América Latina, donde con frecuencia “las mujeres ni siquiera están conscientes de las violencia a la que están sujetas, o creen que ellas son las únicas víctimas de abusos”, dijo Christina Takatsu Winnischofer, presidente de la Unión de Mujeres de la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil.

Durante la reunión del 8 y 9 de noviembre, las mujeres y los hombres compartieron historias de ministerios de la Iglesia y de la comunidad, así como de programas sociales que funcionaban bien y [también] de los que enfrentaban desafíos, que van desde contar con los recursos para hacerle frente a las necesidades de la comunidad a los trámites burocráticos y las restricciones que se aplican cuando las iglesias trabajan con organismos gubernamentales que ofrecen servicios sociales.

La atención a la violencia contra las mujeres y los niños —gran parte de la cual se define como violencia doméstica— fue un tema que seguía vigente desde la conferencia del año pasado que se celebró en la Diócesis del Brasil Meridional.

La Iglesia Episcopal en los Estados Unidos, que comparte un acuerdo de pacto con la Iglesia del Brasil (provincia autónoma desde 1965), también estuvo representada, en la conferencia de dos días, por la Rda. Glenda McQueen, funcionaria encargada de América Latina y el Caribe, y el Rdo. David Copley, encargado del personal de la misión, los cuales trabajan en la oficina de asociaciones globales de la Iglesia; las misioneras Mónica Vega y Heidi Schmidt, nombradas por la Iglesia Episcopal para servir en la Provincia del Brasil, y las misioneras del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos, Nina Boe, de la Diócesis de Olympia, y Kirsten Lowell, de la Diócesis de Maine, que sirven en la Diócesis de Río de Janeiro y en la Diócesis del Uruguay, respectivamente.

De izquierda a derecha, el Rdo. David Copley, funcionario encargado del personal en misión de la Iglesia, Mónica Vega, misionera nombrada por la Iglesia Episcopal, Kirsten Lowell, misionera del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos, el arzobispo Francisco de Assis da Silva, primado de la Provincia del Brasil, Nina Boe, misionera del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos y Heidi Schmidt, misionera nombrada por la Iglesia Episcopal. Foto de Lynette Wilson/ENS

De izquierda a derecha, el Rdo. David Copley, funcionario encargado del personal en misión de la Iglesia, Mónica Vega, misionera nombrada por la Iglesia Episcopal, Kirsten Lowell, misionera del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos, el arzobispo Francisco de Assis da Silva, primado de la Provincia del Brasil, Nina Boe, misionera del Cuerpo de Servicio de Jóvenes Adultos y Heidi Schmidt, misionera nombrada por la Iglesia Episcopal. Foto de Lynette Wilson/ENS

“Existe este movimiento tendiente a abordar los problemas actuales de las mujeres en nuestras iglesias, lo cual es fundamental”, dijo Vega, que además de trabajar en la oficina provincial de la Iglesia, colabora con una organización sin fines de lucro que se dedica a respaldar a vendedoras ambulantes.

Ocuparse de los problemas de las mujeres no es algo que uno hace porque esté de moda, añadió, “sino porque es una señal del Reino. Devolverles la dignidad a las mujeres es una señal del Reino, eso es lo que hizo Jesús”.

Uruguay, uno de los países más pequeños de América del Sur, tanto en territorio como en población, limita con dos de los más grandes: al oeste, con Argentina; y al norte y al este, con el mucho más extenso Brasil. Hay 200 millones de personas en Brasil, comparado con 3,5 millones en Uruguay, países en los cuales el 9 por ciento y el 11,5 por ciento, respectivamente, vive en la pobreza, según datos del Banco Mundial.

No obstante, respecto a la violencia contra las mujeres, el tamaño, el ingreso y otros datos del desarrollo no cuentan la historia de lo que las Naciones Unidas define como “una pandemia que se presenta en diversas formas”. En Uruguay se denunciaron diariamente un promedio de 68 casos de violencia doméstica en 2013; Amnistía Internacional ha criticado al gobierno por su incapacidad de responder adecuadamente a casos de violencia contra las mujeres. Entre 2001 y 2011, más de 50.000 mujeres fueron asesinadas [en Brasil] principalmente como resultado de la violencia doméstica, según el Instituto Brasileño para la Investigación Aplicada. Brasil es el séptimo país más peligroso del mundo conforme a las tasas de violencia hacia las mujeres.

Durante el oficio eucarístico del 9 de noviembre, las mujeres, en parejas, escenificaron un ejercicio que demostraba lo que ocurre cuando a las mujeres las tratan como cosas u objetos —la verdad es que cuando a las mujeres las tratan como cosas es que no importan.

Cuando la Iglesia comenzó a hablar por primera vez acerca de la violencia contra las mujeres se adentró en un territorio inexplorado porque “la violencia contra las mujeres no era algo de lo que uno habla en la iglesia”, dijo el arzobispo Francisco de Assis da Silva, primado del Brasil desde 2013, y obispo de la Diócesis del Brasil Sudoccidental.

El arzobispo Francisco de Assis da Silva, primado del Brasil y obispo de la Diócesis del Brasil Sudoccidental, el obispo Michele Pollesel, de la Diócesis Anglicana del Uruguay, y el obispo Humberto Maiztegue, de la Diócesis del Brasil Meridional. El obispo Renato Da Cruz Raatz, de la Diócesis de Pelotas, también asistió a la conferencia. Foto de Lynette Wilson/ENS.

El arzobispo Francisco de Assis da Silva, primado del Brasil y obispo de la Diócesis del Brasil Sudoccidental, el obispo Michele Pollesel, de la Diócesis Anglicana del Uruguay, y el obispo Humberto Maiztegue, de la Diócesis del Brasil Meridional. El obispo Renato Da Cruz Raatz, de la Diócesis de Pelotas, también asistió a la conferencia. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Sin embargo, era algo que la Iglesia necesitaba hacer a pesar del “tabú”, agregó da Silva cuando se dirigió a la conferencia en su segunda jornada. Cuando la Iglesia empezó a hablar de la violencia contra las mujeres, no pudo negar que también existe en la Iglesia y que, desafortunadamente, los hombres no lo consideran un tema importante.

“Es algo que presentan las mujeres, para mujeres”, dijo, y eso es uno de los mayores obstáculos para abordar la violencia contra las mujeres y los niños. “Es algo que los hombres necesitan sacar a relucir”.

Tomar la delantera tocante a los derechos de las mujeres
Coordinado por Servicios Anglicanos de Diaconía y Desarrollo (SADD), que coordina servicios y proyectos sociales en todos los niveles de la Iglesia, la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil emprendió un estudio de dos años sobre derechos humanos, el cual, gracias a la información recogida a partir de la base, llevó a concentrarse en la violencias doméstica , explicó Sandra Andrade, directora de SADD.

En agosto de 2013, SADD, en asociación con Ayuda Cristiana, publicó su primer folleto orientado a la prevención e intervención de la violencia de género. El folleto, que incluía 10 talleres destinados tanto a hombres como a mujeres, fue más tarde traducido del portugués al español y al inglés con la colaboración de Ayuda y Desarrollo Episcopales; desde entonces se ha distribuido tanto en América Latina como en África.

A principios de este año se publicó una segunda versión del folleto, actualizado con un taller adicional sobre estrategias para la prevención del VIH, y se distribuyó en la conferencia.

“La violencia doméstica contra las mujeres es una consecuencia de una cultura edificada por una sociedad que promueve desigualdades basadas en las diferencias que se consideran naturales (biológicas) entre los sexos, las cuales determinan cómo debe comportarse cada persona por ser de un sexo u otro”, dice el folleto.

“Al igual que en todos los espacios sociales, las comunidades religiosas no están exentas de esta realidad y, con frecuencia, contribuyen a la perpetuación de esta violencia a través de sus declaraciones y costumbres. Por tanto, si como comunidades religiosas somos capaces de cometer actos de violencia contra las mujeres, podemos admitir también que somos capaces de imponernos y de vencer esta realidad y edificar una cultura de paz basada en el Evangelio de Jesucristo”.

Aislamiento
La Amazonia, una zona que abarca más de 5 millones de kilómetros cuadrados en el norte de Brasil, puede sentirse particularmente aislada ya que a menudo está desconectada de los servicios del gobierno. Un obispo y dos sacerdotes atienden nueve comunidades distintas en las que impera la violencia doméstica. “Las mujeres, en su sentido más directo, mueren debido a la violencia”, dijo María Elizabeth Santos Teixeira, una agente de la policía de la Diócesis de Amazonia, que funge de vicepresidente de la Unión de Mujeres.

“Una cosa es decir que hay dificultades, y otra poder sentarse con algunas personas y contarles las experiencias”, dijo Santos Teixeira.

El aislamiento que Santos Teixeira percibe a veces en la Amazonia puede percibirse también en Uruguay. La Diócesis del Uruguay se vio frustrada en su intento en 2012 de llegar a formar parte de la Provincia de Brasil.

La participación de las mujeres uruguayas en la conferencia comenzó a partir de una relación de compañerismo diocesano con la Diócesis del Brasil Meridional, pero la relación se extendió más allá de eso. La Iglesia en Uruguay está más conectada con la Iglesia en Brasil que con su propia provincia.

“Fue la labor con Brasil meridional lo que realmente le devolvió la vida a la Iglesia en Uruguay; en verdad se esforzaron en promover una Iglesia de base”, dijo el Rvdmo. Michele Pollesel, que se convirtió en el obispo del Uruguay en 2013, luego de haber sido rechazado por los obispos de la Iglesia Anglicana de América del Sur, llamada anteriormente la Iglesia Anglicana del Cono Sur de América.

Una de las cosas por las que la Iglesia en Uruguay ha luchado durante mucho tiempo, dijo Pollesel, es por la ordenación de las mujeres que, en su opinión, advendrá en los próximos 12 meses cuando la provincia esté en el proceso de aprobar nuevos cánones provinciales.

En Brasil, una larga historia de participación de las mujeres
La Iglesia Anglicana del Brasil ha existido durante 150 años en lo que se tiene por un país eminentemente catolicorromano. Por el contrario, la Diócesis del Uruguay celebró 25 años de fundada en 2014 en un país mayoritariamente secular que está considerado el más liberal de Latinoamérica.

Pese a la reputación liberal del Uruguay, las mujeres no suelen participar en los papeles decisivos de la sociedad; y lo mismo sucede en la Iglesia.

Las mujeres de la Iglesia en Uruguay tienden a asumir un papel más tradicional, proporcionando apoyo a nivel parroquial, dijo Gabriela Núñez, líder laica y psicóloga que está casada con un sacerdote.

Por otra parte, la Unión de Mujeres Episcopales Anglicanas ha existido en Brasil con diferentes nombres por más de 100 años, y adoptó su nombre actual en los años 80 “para reflejar la necesidad de las mujeres de estar unidas”, dijo Winnischofer, la presidente de la Unión y secretaria general de la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil de 2003 a 2006.

El cambio de nombre también simbolizó un cambio de foco de lo que había sido un papel auxiliar tradicional en apoyo de la Iglesia, los ancianos y los pobres, a uno que incluyera las necesidades de las mujeres; y eso tuvo lugar en un momento en que las mujeres de la Iglesia se unieron para apoyar la ordenación de mujeres, que también suscitó el tema del estatus de la mujer en la Iglesia, apuntó Winnischofer.

La Rda. Carmen Gomes, la primera mujer ordenada en la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil, presidió la eucaristía del 9 de noviembre. Foto de David Copley.

La Rda. Carmen Gomes, la primera mujer ordenada en la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil, presidió la eucaristía del 9 de noviembre. Foto de David Copley.

En 1985, la Rda. Carmen Gomes se convirtió en la primera mujer ordenada en la Iglesia Episcopal Anglicana del Brasil, que hoy cuenta con 30 mujeres sacerdotes que sirven a través de sus nueve diócesis. Además, las mujeres han desempeñado papeles de liderazgo en todos los niveles de la Iglesia.

Mediante reuniones, compartiendo historias y facilitando que sus integrantes se ofrezcan apoyo mutuo, la Unión de Mujeres sigue laborando por elevar la condición de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, una tarea que siempre resulta más difícil cuando las mujeres tienen empleo de jornada completa y deberes de familia, resaltó Winnischofer.

“Las mujeres están siendo más visibles en la sociedad”, dijo ella, pero aún están subrepresentadas en los papeles de liderazgo, no obstante los avances. Explicó que la actitud persistente ha sido que “por una parte somos visibles y tenemos una presencia, pero no necesitamos acercarnos a la mesa porque ya estamos en el salón”.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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Comments (2)

  1. Patricia Cowley says:

    Sorprendente para mi el articulo en su interpretacion de los acontecimientos historicos. A modo de pequeno ejemplo: Uruguay tiene Presidente del Senado a una mujer y la Vice Presidente de la Diocesis del Uruguay ha sido ocupada mayormente por una mujer tambien.

    En otro tema del articulo: ?cuales de las Provincias no han tenido desacuerdos? La interpretacion tiene multiples factores y por mi parte no quiero resaltar lo negativo. Como modo de ejemplo: A la sinoda recien celebrada fueron invitados de la Diocesis de Chile a dirigir los talleres.

    Demos Gracias a Dios en todo nuestro caminar juntos a todos Uds con mucho agradecimiento. Liz Cowley

  2. clovis erly rodrigues says:

    Que bueno que para el santo servicio no hay fronteras. Desde 1977 cuando empece el trabajo en lengua hispânica ,en Montevideo ,iba de Brasil , Santa’Ana do Livramento , tuve muchas dificultades, pues tuve que contrariar las autoridades de la iglesia en el momento.Pero por dos años
    continue insistiendo,y por voluntad de Diós ,en 1979 , pude entregar una congregacion uruguaya y por una bendición y gracia de Dios mas especial todavia, un clerigo ingles Revdo.Andrew Couch,llegó y con mucho amor y competencia dió los primeros bien sucedidos pasos.
    Por todo eso siempre seremos agradecidos a Dios y a este bendito siervo de Diós.+Clovis , emérito(Brasil)

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