Hacer de la reconciliación y la evangelización la nueva normalidad de la Iglesia

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Mar 11, 2016
El obispo primado Michael Curry discute planes emergentes para la labor de reconciliación racial durante la reciente reunión del Consejo Ejecutivo en Fort Worth, mientras la presidente de la Cámara de Diputados, Rda. Gay Clark Jennings, lo escucha. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

El obispo primado Michael Curry discute planes emergentes para la labor de reconciliación racial durante la reciente reunión del Consejo Ejecutivo en Fort Worth, mientras la presidente de la Cámara de Diputados, Rda. Gay Clark Jennings, lo escucha. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

La Convención General fijó el verano pasado una agenda audaz para que los episcopales laboren en pro de la reconciliación racial y la evangelización; quehacer que ahora ha comenzado de manera algo inesperada.

Por ejemplo, los líderes de la Iglesia han iniciado la obra de la reconciliación racial escuchándose atentamente unos a otros, en lugar de pedirles de inmediato a los miembros del personal que crearan nuevos programas. Y la nueva y continua labor de evangelización de la Iglesia incluye planes, por ejemplo, para reunir y apoyar a los evangelistas ocultos de la Iglesia y revivir los avivamientos.

El presupuesto trienal 2016-2018 de la Convención incluye $3 millones para iniciar nuevas congregaciones con un énfasis en las comunidades hispanas, $2,8 millones para la obra de evangelización y también financia una nueva e importante iniciativa de $2 millones sobre justicia y reconciliación raciales.

Laborar en pro de la justicia y reconciliación raciales

El verano pasado, la Convención intentó mover el foco de la Iglesia hacia los problemas raciales mediante la Resolución C019, que le dio al Obispo Primado y a la presidente de la Cámara de Diputados un extraordinario mandato a “conducir, dirigir y estar presente para garantizar y dar cuenta de la labor de justicia y reconciliación raciales de la Iglesia”, teniendo como objetivo especial la injusticia racial sistémica.

La Resolución C019 reconoce que el racismo continúa plagando la sociedad y la Iglesia a pesar de los reiterados empeños de capacitación antirracista y otras iniciativas de justicia y reconciliación raciales, entre ellas más de 30 resoluciones de la Convención General que se remontan a 1952, y llama a la Iglesia a comenzar de nuevo.

La decisión de encomendarles la tarea de supervisar la puesta en vigor de la resolución a los funcionarios ejecutivos, en lugar de a un comité o a un equipo de trabajo es inusual, pero “impactante” en palabras de Anita George, presidente del Comité Permanente Conjunto sobre Promoción Social e Interconexiones del Consejo Ejecutivo.

George, haciendo un comentario, el 27 de noviembre, durante una reunión conjunta de su comité y el Comité Permanente Conjunto sobre Finanzas para la Misión, dijo que el hecho de que la Iglesia decidiera abordar este asunto y abordarlo a partir de su liderazgo “es lo que algunos de nosotros hemos estado pidiendo durante mucho tiempo: que cuando los líderes hablan la Iglesia escucha”.

La Rda. Gay Clark Jennings, presidente de la Cámara de Diputados, habla sobre una reunión que ella y el obispo primado Michael Curry, a la izquierda de la foto, sostuvieron en febrero sobre el tema de la reconciliación racial. Los dos intervinieron en una reunión conjunta de los comités de Finanzas y Promoción Social del Consejo Ejecutivo. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

La Rda. Gay Clark Jennings, presidente de la Cámara de Diputados, habla sobre una reunión que ella y el obispo primado Michael Curry, a la izquierda de la foto, sostuvieron en febrero sobre el tema de la reconciliación racial. Los dos intervinieron en una reunión conjunta de los comités de Finanzas y Promoción Social del Consejo Ejecutivo. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

Primero, los líderes tuvieron que discernir por dónde empezar. A Curry y la presidente de la Cámara de Diputados, Rda. Gay Clark Jennings, se sumaron los vicepresidentes de la Cámara de Obispos Mary Gray Reeves y Dean Wolfe, el vicepresidente de la Cámara de Diputados Byron Rushing y el director ejecutivo de la Convención General Michael Barlowe, in Austin, Texas, los días 3 y 4 de febrero, para discutir los rumbos del trabajo que pedía la Resolución C019.

Durante esa reunión, escucharon a Dianne Pollard, diputada por Nueva York, que presidió el Comité de Justicia Social y Política de Estados Unidos de la Convención General, el cual auspició la resolución. Representantes de las diócesis de Atlanta y Nueva York describieron la labor de antirracismo en sus comunidades. La Rda. Stephanie Spellers. Canóniga del Obispo Primado para la Evangelización y la Reconciliación que se incorporó al personal del Obispo Primado en diciembre; Charles A. Wynder Jr., misionero para la Justicia Social y el Compromiso con la Promoción Social; Heidi J. Kim, misionera para la Reconciliación Racial y el Rdo. E. Mark Stevenson, misionero de la Pobreza Nacional, apoyaron la labor de la reunión.

Y lo más importante, Curry dijo que el Consejo Ejecutivo, en lugar de trazar un plan de acción sobre el supuesto de que el grupo sabía adonde ir, los participantes se escucharon los unos a los otros. “Contamos las dimensiones de nuestras propias historias raciales”, remontándonos a la niñez en algunos casos, apuntó.

“Hubo un período de intercambio muy eficaz”, añadió, “y fue a partir de ahí que empezamos a pensar: ¿cómo podemos ayudar a que la Iglesia participe en un nivel más profundo?”

Es en ese nivel profundo que ocurrirán los cambios, sugirió Curry. Tomándose el tiempo de escucharse unos a otros los relatos de sus experiencias tanto dentro de la Iglesia como en el mundo, les dijo él a los dos comités del Consejo, “a largo plazo puede fructificar tanto para nuestra Iglesia y nuestro país como para los varios países en que la Iglesia Episcopal está representada”.

El bosquejo de un plan para implementar la C019 “surgió de escucharnos mutuamente las historias y de oír el dolor y la esperanza de nuestra cultura a través de nuestras propias historias”, afirmó.

Entre esos bosquejos se encuentran las siguientes posibilidades:

* Convocar una reunión denominacional para discutir la justicia y la reconciliación raciales, semejante a la reunión de 2011 para debatir las bendiciones a parejas del mismo sexo, o tal vez una serie de reuniones más pequeñas en toda la Iglesia. Spellers dijo durante la reciente reunión del Consejo que estas reuniones no serían para que la gente presentara maneras de gastar los $2 millones. Se centrarían, por el contrario, en “escuchar por dónde Dios se mueve, dónde está la sabiduría, cuáles son las mejores medidas a tomar y, francamente, cómo tiene lugar esta transformación, según prestamos atención atentamente a la manera en que llegamos a reconciliarnos”.

* Identificar otras vías de compartir nuestras historias, fomentar “relaciones de reconciliación”, escuchar a los vecinos de la Iglesia (tanto en el ámbito de la Comunión Anglicana como de otras denominaciones) y aumentar las oportunidades de formación para todas las edades.

* Contemplar el llevar a cabo un censo para tener una comprensión más clara de la composición demográfica de la Iglesia y de su participación tradicional y actual en los sistemas de injusticia racial. “El hecho simple es que no conocemos la composición racial —y por ende, la composición de géneros o edades— de la Iglesia Episcopal, y hablar de reconciliación, hablar de transformación, hablar de corregir errores históricos resulta difícil cuando uno no sabe quién está aquí”, dijo Spellers a los comités.

* Identificar los actuales recursos y ministerios de justicia y reconciliación raciales de la Iglesia, acaso por medio de una auditoría. La Iglesia Episcopal ha pedido disculpas por varios aspectos de su conducta a lo largo de los años, pero, dijo Spellers, tan importante como eso es que la gente oiga, “lo que necesariamente no hemos hecho es escuchar a toda la Iglesia respecto a lo que hiere, a lo que ha estado mal, históricamente y en la actualidad, cómo seguimos participando en sistemas de injusticia y disparidad racial como Iglesia… cómo nos hemos dedicado a la labor de hacer las cosas bien”.

George, miembro del Consejo, dijo que el plan de que “toda la Iglesia escuche y luego hable” es importante debido a las historias que surgen. “Todas esas historias son esenciales, todas esas historias deben oírse”, afirmó.

Y eso llevará tiempo

“Esto en verdad no es un programa trienal; esto es a largo plazo”, dijo Jennings en la reunión de los comités de finanzas para la misión y promoción social e interconexión durante la reunión del Consejo del 26 al 28 de febrero. “Resulta claro que no se trata de [un asunto] predominante o exclusivamente blanco-negro; [resulta claro] que tenemos una Iglesia multicultural, multiétnica, multinacional y en consecuencia que los problemas en torno a la justicia y reconciliación raciales con extremadamente complejos”.

Durante esa misma reunión de comités, David Bailey, obispo de Navajolandia, advirtió que llevar a cabo esa labor exigiría un enérgico liderazgo a través de la Iglesia. “Gústenos o no”, una gran parte del liderazgo en una iglesia que se llama “episcopal” (lo cual significa que tiene obispos) descansa en la Cámara de Obispos y el éxito depende de si sus miembros “deciden que las cosas avancen”.

Curry y Jennings dijeron que se proponen enviar pronto una carta a los obispos y diputados invitándoles, y por extensión a toda la Iglesia, a incorporarse a la labor.

Tess Judge, la miembro del Consejo que preside el Comité de Finanzas para la Misión, instó a Curry y a Jennings a encontrar medios de obtener información sobre los planes de cada convención diocesana y a instar a esos participantes a hablar al respecto en los lugares de donde provengan. “Necesitamos que esto llegue a los bancos de las iglesias” dijo ella.

Tal como los líderes de la Iglesia dejaron aclarado en el Consejo Ejecutivo, la obra de la justicia y la reconciliación raciales y la evangelización a la cual la Convención también llamó a la Iglesia están entrelazadas”.

‘¿Qué les parece hacer de la evangelización la nueva normalidad?’

Al Obispo Primado y a otras personas de la Iglesia les gustaría desterrar a los libros de historia la época en que la evangelización en la Iglesia Episcopal era un oxímoron.

Curry dijo que él podía “recordar con mucha claridad los tiempos en que la evangelización estaba en un segundo plano y no se tomaba en serio”, Ahora la Iglesia Episcopal está lista “a dar un paso para reclamar nuestra herencia como cristianos y seguidores de Jesús en la tradición anglicana y episcopal” para encontrar y formar nuevos discípulos, le dijo a otro grupo de miembros de comités del Consejo Ejecutivo.

Anita George, presidente del Comité Permanente Conjunto sobre Promoción Racial e Interconexiones , mientras escuchaba hablar a la Rda. Stephanie Spellers, canóniga del Obispo Primado para la Evangelización y Reconciliación, en una reunión reciente de comités del Consejo Ejecutivo. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

Anita George, presidente del Comité Permanente Conjunto sobre Promoción Racial e Interconexiones , mientras escuchaba hablar a la Rda. Stephanie Spellers, canóniga del Obispo Primado para la Evangelización y Reconciliación, en una reunión reciente de comités del Consejo Ejecutivo. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

Hubo un tiempo, dijo Spellers durante su sermón en el Consejo Ejecutivo, cuando un comité de compromiso comunitario o de misión era una rareza; ahora es inusual que una parroquia no tenga un grupo así.

“¿Qué les parece que hagamos de la evangelización la nueva normalidad?”, sugirió ella.

Así como siempre hubo episcopales haciendo labor de compromiso comunitario y de misión con o sin comités que los respaldaran, hay evangelistas que ya trabajan en la Iglesia. “Están allí, están ocultos; podemos acogerlos”, dijo Spellers.

Uno de los primeros pasos para hacer eso, oyó el Consejo, será una cumbre sobre evangelización, planeada tentativamente para los días 18 y 19 de noviembre en Dallas y coauspiciada por el Movimiento Adelante [Forward Movement] y a la que seguiría una conferencia denominacional.

“La idea es crear una red de profesionales de la evangelización y otras personas a través de nuestra Iglesia que serían capaces de llevar el Movimiento de Jesús a sus comunidades locales”, explicó la Rda. Susan Snook, presidente del Comité Permanente Conjunto sobre Ministerio y Misión Locales, durante la reunión del Consejo.

Hay planes también de adaptar y compartir materiales formativos de evangelización a través de la Iglesia y crear nuevos materiales donde se necesiten.

Y existen los avivamientos. “Los avivamientos son parte de nuestra historia”, dijo Spellers de la Iglesia Episcopal. “Vamos a reclamar esa parte de nuestra historia”.

Si bien esas reuniones tendrán un predicador dinámico, también se ocuparán de la capacitación de equipos locales “para practicar la evangelización relacional y para escuchar atentamente junto con sus vecinos, condiscípulos, amigos y compañeros de trabajo”.

Se incluirían lo que Spellers llamó artistas y músicos de barrio y “personas de la localidad que darían testimonio”.

“Habrá incluso un llamado al altar, pero esta vez a la hermandad de la Iglesia y a la acción vecinal”, dijo ella en su sermón.

Puesto que el avivamiento no debe ser sólo una experiencia de exaltación única, Spellers dijo que habría un seguimiento para vincular a los recién llegados a iglesias y ministerios, fortalecer esos ministerios y buscar sitios donde pudieran plantarse nuevas comunidades de fe.

La evangelización no sólo tiene lugar cara a cara en estos días y la Convención financió una importante iniciativa de evangelización digital. El Equipo de Trabajo sobre la Movilización de las Redes Sociales para la Evangelización facilitará la creación de nuevos materiales concebidos para preparar a “narradores digitales para Jesús”, dijo Spellers durante la reunión del Consejo.

La Oficina de Comunicaciones de la Iglesia está encargada de administrar un renovado empeño de evangelización por Internet que no se encargará de promover nuevos contenidos, sino más bien tratar de encontrar a personas que tienen “grandes interrogantes sobre Dios y la fe, acerca de la comunidad” valiéndose de herramientas tales como Google AdWords, explicó Spellers. Este empeño tendrá lugar tanto en inglés como en español.

La Convención también concibió una “red denominacional para la plantación de congregaciones y la capacitación y captación de plantadores”; la Resolución D005 asignó $3 millones para esta labor, contemplando más de $1 millón para el ministerio latino/hispano.

Está en marcha el trabajo para actualizar el proceso de solicitud de subvenciones para la plantación de iglesias y más zonas de empresas de misión. Ese nuevo proceso debe darse a conocer en breve.

Este trabajo también conlleva medios de aumentar la responsabilidad y la evaluación, y el hacerse más proactivo en la captación de personas y lugares, dijo Spellers. Y el presupuesto incluye un nuevo misionero para que la capacidad de plantar nuevas iglesias se agregue al empeño del Rdo. Thomas Brackett, misionero de la Iglesia Episcopal para el comienzo de nuevas iglesias e iniciativas de misión.

Snook describió el nuevo puesto como “otro obrero de la viña” y Spellers dijo que “sin más infraestructura, sin aumentar la capacidad del personal, estábamos lanzando la simiente del dinero de las subvenciones en un suelo árido y poco profundo”.

Los que participan también quieren desarrollar una “comunidad de práctica” entre los plantadores de iglesias y otros evangelistas porque “puede ser una labor muy solitaria”, dijo Snook al Consejo.

Los miembros del Consejo escucharon una y otra vez que, en toda la labor interconectada de evangelización y reconciliación racial, es esencial la colaboración de toda la Iglesia y con personas de otras iglesias que piensen igual.

“Este no es un momento de competencia”, dijo Spellers en su sermón. “Los tiempos de la competencia entre denominaciones se acabaron. Es el momento de la colaboración en pro del Movimiento de Jesús”.

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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