Asociados de la Iglesia sembraron semillas de esperanza y paz para el futuro del Sudán

Por Pat McCaughan
Posted Sep 22, 2014
Refugiados sudsudaneses en el campamento de Kakuma, en Kenia, cargan agua para sus familias.

Refugiados sudsudaneses en el campamento de Kakuma, en Kenia, cargan agua para sus familias.

[Episcopal News Service] Michael Puot Rambang espera que los juegos de fútbol y baloncesto ayudarán a promover la paz y la reconciliación entre una generación de futuros líderes sudaneses.

“Estaba en Juba cuando estalló el conflicto [el 15 de diciembre de 2013]”, dijo Rambang, de 26 años, a Episcopal News Service (ENS) recientemente desde Nairobi, Kenia. “Casi me matan. A 25 de mis vecinos los mataron”.

Él se escapó al Campamento de Refugiados de Kakuma en el norte de Kenia, sólo para descubrir que la violencia seguía imperando allí también. “Todo el mundo estaba enojado. Quieren imponerse a empujones No es bueno que las personas vivan de esta manera. Tuvo que ocurrírseme algo para unir a la juventud. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de Jóvenes de Sudán del Sur por la Paz y la Reconciliación (SSYPR).”

La iniciativa se propone reunir a diversas comunidades de jóvenes sudaneses en el campamento para una serie de torneos deportivos a la par que capacitación en temas de paz y reconciliación, amén de otras actividades. Sembrar un espíritu de cooperación también ayudará a mejorar las condiciones generales del campamento, según John Maleck Kur, que también participó en organizar los esfuerzos de la SSYPR.

“Ayudaremos a crear un ambiente por medio del cual podemos ver donde podemos reconciliarlos y asesorarlos, debido a las dramáticas cosas de que han sido testigos, desde que la guerra estalló en Juba y en otras partes”, dijo Kur a ENS.

“Debemos enseñarles de manera que podamos enviar un equipo a ir y enseñarles a hablar de paz entre las personas, y lo extenderemos lentamente a las zonas afectadas por la guerra”, añadió Kur.

Sudán del Sur surgió como la nación más reciente del mundo en 2011, con Juba como su ciudad capital. La guerra estalló en diciembre de 2013 después de un conflicto político entre el presidente, Salva Kiir, y su ex vice, Riek Machar, el cual ha desplazado a más de un millón de personas. Kiir es de la tribu kinka y el líder rebelde Machr es núer, que representan los dos principales grupos étnicos sudaneses. Muchas personas huyeron al Campamento de Refugiados Kakuma, que se estableció en 1992 durante la guerra civil sudanesa que duró décadas. Se calcula que unas 180.000 personas provenientes del Sudán, de Sudán del Sur y de otros países africanos residen en el campamento.

Kur, un ex “niño perdido” que ahora estudia paz y transformación de conflicto en la Universidad de Daystar en Nairobi, dijo que las condiciones del campamento son difíciles. La enfermedad, el analfabetismo y el hambre están generalizadas, afirmó. (Los Niños y Niñas Perdidos del Sudán se mudaron a Estados Unidos como parte de un programa de reasentamiento a principio de la década anterior).

“Tenemos una comunidad diversa en Sudán del Sur y en Campo Kakuma, [hay] jóvenes en ambas partes y lo único que puedes hacer es hablarles de paz a través del fútbol. Jugarán por divertirse y por un objetivo”, siguió diciendo Kur. “Cuando se esfuercen por alcanzar ese objetivo, comenzarán a conversar, a darse cuenta de su propia dignidad y a hacer amistades entre sí”.

El obispo John Gattek Wallam, de la zona de Bentiú de la Diócesis de Malakal y asesor de SSYPR , dijo que el plan incluye a estudiantes universitarios que prestan servicios como capacitadores de los jóvenes del campamento. La iniciativa es trabajar en asociación con otras organizaciones afines, bajo la tutela del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, en busca de paz y reconciliación, afirmó.

“Los jóvenes son los hijos de las partes en pugna [y provienen de diferentes tribus]. Ambas partes podrán reunirse y aprender de paz y reconciliación”, dijo Wallam a ENS recientemente desde Kenia.

Los juegos “serán una válvula de escape para los jóvenes, [una oportunidad] de participar en actividades de consolidación de la paz. Organizaremos un programa para ellos, y un concierto que también congregará a los jóvenes y también les transmitirá mensajes bíblicos de reconciliación”, dijo Wallam. Él integró un equipo de negociaciones que ha conseguido el respaldo de las Naciones Unidas y del jefe del campamento de la Policía de Kenia para establecer la Iniciativa de Paz de Kakuma y los juegos de Deportes para la Paz.

Una tentativa para conseguir la sede de los juegos está sujeta aún a obtener fondos y auspicios que garanticen el proyecto, según dijo el Rdo. Jerry Drino de Esperanza con Sudán del Sur, una agencia de educación y colaboración comunitaria con sede en San José [California].

“Todo este esfuerzo parte desde cero”, dijo Drino. Al frente del cual se encuentran las comunidades de fe, organizaciones como Amigos Americanos de la Iglesia Episcopal del Sudán (AFRECS) y Ayuda y Desarrollo Episcopales, que se empeñan en aliviar las privaciones en Sudán, añadió él.

Existen bolsones de esperanza en medio de la continua crisis del Sudán, dijo Drino, quien instó a los episcopales de toda la Iglesia a apoyar la organización de incipientes empeños a favor de la paz.

“La buena noticia es que ya hay juegos esporádicos con equipos de tribus mezcladas que están jugando en Kakuma y que la Unión de Madres y las Mujeres Presbiterianas están pasando por encima de las fronteras tribales a fin de reunirse para orar. Los SSYPR les darán un mayor incentivo para proseguir y expandir esta labor”.

El obispo Andudu Elnail de Kadugli y miembros sudsudaneses de la Unión de Madres participan en un culto en Campo Kakuma en Kenia.

El obispo Andudu Elnail de Kadugli y miembros sudsudaneses de la Unión de Madres participan en un culto en Campo Kakuma en Kenia.

Colorado: Visita en octubre para ofrecer capacitación en atención médica y pastoral
Un equipo de atención médica y pastoral de la Diócesis de Colorado, que busca aliviar las condiciones del campamento de refugiados y de apoyar los empeños del obispo sudanés Adam Elnail de la Diócesis de Kadugli, está planeando un viaje del 28 de octubre al 9 de noviembre al Campamento de Refugiados de Kakuma, según informó Anita Sanborn, presidente de la Fundación Episcopal de Colorado.

Los miembros del equipo se concentrarán en problemas sanitarios y ofrecerán capacitación en atención pastoral, derechos humanos, liderazgo y actividades para consolidar la paz, explicó ella.

El equipo pretendía, en un principio, visitar el campamento de refugiados de Yida, en Sudán del Sur, en enero de este año, dijo Sanborn. Pero el viaje, financiado por la Ofrenda Unida de Gracias (UTO) y Ayuda y Desarrollo Episcopales, así como por algunas donaciones privadas, se cambió para Campo Kakuma después del estallido de la guerra en diciembre.

El equipo se concentrará en recién nacidos y salud materna, higiene básica y atención sanitaria, identificación de los síntomas de trauma y cuidado personal (de la salud) para clérigos y líderes laicos.

“Habrá un segmento sobre derechos humanos, enseñando de qué trata la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de manera que las personas entiendan en este momento de exilio cuáles son realmente sus derechos así como infundirles la esperanza de que no necesitan estar fuera de su país para siempre, sino prepararse para el momento en que puedan regresar”, añadió Sanborn.

Sanborn definió a Elnail como un obispo sin diócesis. Los esfuerzos de ENS de ponerse en contacto con él resultaron infructuosos.

Elnail estuvo en Estados Unidos para someterse a un tratamiento médico en 2012 cuando las fuerzas del gobierno sudanés entraron en Kadugli, asaltaron su oficina, destruyeron algunos equipos y confiscaron otros, dijo Sanborn. Él comenzó sus labores de promoción social y en 2013 le concedieron asilo en EE.UU. Había organizado una oficina en Juba para proporcionarles una base de operaciones a los millares de personas de Nuba que huían hacia el sur.

Sanborn también instó a los episcopales de toda la Iglesia a continuar apoyando al pueblo sudanés, aunque la atención de los medios de prensa se haya desviado hacia otra parte.

“Cuando la fatiga de la compasión parece tan generalizada, mi esperanza sería que nosotros, en la Iglesia Episcopal, siguiéramos amparando a los refugiados sudaneses que han venido hasta aquí”, dijo Sanborn, refiriéndose a las comunidades sudaneses a través de Estados Unidos.

“Hay tantas manera en que la gente puede participar”, añadió. “No siempre tiene que significar ir al Sudán. Es importante estar consciente e informarse de lo que está pasando, si la gente sólo diera ese paso. Y recordar que la oración siempre es necesaria”.

– La Rda Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service.

La Iglesia Episcopal en Estados Unidos tiene una asociación de larga data con la Iglesia Episcopal del Sudán y de Sudán del Sur, a través de las relaciones de diócesis compañeras, los programas de Ayuda y Desarrollo Episcopales y la labor de promoción social de la Oficina de Relaciones Gubernamentales.

Las actuales relaciones de compañerismo incluyen a Albany (Nueva York) con la Provincia de Sudán, Bethlehem (Pensilvania) con Kajo Keji, Chicago con Renk, Indianápolis con Bor, Misurí con Lui, Rhode Island con Ezo, Virginia Sudoccidental con la Provincia de Sudán y Virginia con la Provincia de Sudán.

También existen asociaciones a través de varias redes tales como los Amigos Americanos de la Iglesia Episcopal del Sudán y Esperanza con Sudán del Sur.

— Traducción de Vicente Echerri.