Dos años después de la devastación, Joplin se reconstruye

Por Mary Frances Schjonberg
Posted May 28, 2013
El tornado de fuerza 5 que azotó Joplin destruyó cerca de 7.000 casas y causó daños en otras 900. Foto de la Cruz Roja de Ozarks.

El tornado de fuerza 5 que azotó Joplin destruyó cerca de 7.000 casas y causó daños en otras 900. Foto de la Cruz Roja de Ozarks.

[Episcopal News Service] Para los que viven en lo que se conoce como el Corredor de los Tornados, esta época del año es la temporada de esos fenómenos atmosféricos. En días calientes y húmedos, la gente vive con la vista puesta en el cielo, observando las nubes, y muchas comunidades han pasado por la desoladora destrucción de un tornado y han resuelto reconstruir con mayor solidez.

Mientras en Moore, Oklahoma, comienzan a recoger los fragmentos después del enorme tornado del 20 de mayo, un pueblo a 362 kilómetros al norte en el [mismo] corredor está aún reponiéndose dos años después de uno de los tornados más letales en la historia de Estados Unidos.

Un EF-5 (tornado de fuerza 5 en la Escala Ampliada de Fujita) deshizo a Joplin, Misurí, el 22 de mayo de 2011, con un saldo de 161 personas muertas y más de 1.000 lesionadas. En la actualidad, episcopales de todo el estado y de más lejos están ayudando a reconstruir la ciudad.

En un ejemplo de ello, la iglesia episcopal de San Felipe [St. Philip’s] en Joplin, la iglesia de La Gracia [Grace] en el vecino Carthage y la iglesia de Todos los Santos [All Saints] en Nevada, a unos 100 kilómetros al norte, junto con las diócesis de Misurí Occidental y Misurí, han liderado el empeño de construir un albergue para que una agencia de servicio social de Joplin lo use para familias que mudan de sus hogares en situaciones de violencia doméstica y drogadicción.

Esperan entregar el albergue a Lafayette House el 20 de julio.

El tornado de EF-5 que azotó Joplin, Misurí, el 22 de mayo de 2011, dejó estos árboles desnudos al lado este de la secundaria del lugar, donde recogen escombros de la escuela seriamente dañada. Foto de John Daves/Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU., Distrito de Kansas City.

El tornado de EF-5 que azotó Joplin, Misurí, el 22 de mayo de 2011, dejó estos árboles desnudos al lado este de la secundaria del lugar, donde recogen escombros de la escuela seriamente dañada. Foto de John Daves/Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU., Distrito de Kansas City.

El tornado de Joplin dañó o destruyó millares de viviendas y negocios. Una casita que Lafayette House usaba para albergar a mujeres solteras necesitadas de un hogar transicional recibió muchos daños, pero pudo ser reparado, según contó el Muy Rdo. Rev. Steve Wilson, rector de La Gracia.

Sin embargo, la agencia hacía mucho tiempo que necesitaba un lugar para familias, y “resultaba muy claro que una de las inevitables secuelas sociales ‘después de un enorme desastre como éste’ era un aumento substancial de la violencia doméstica”, dijo Wilson. En consecuencia, la necesidad de tal albergue sólo podía aumentar.

Además, un gran porcentaje de las viviendas destruidas por la tormenta eran propiedades en alquiler para personas de muy bajos ingresos, agregó. La gente que vivía en esas casas ya tenía dificultades. En lo que Wise llamó la atmósfera “casi frenética de una ciudad en desarrollo”, que es el Joplin actual, la propiedad para alquileres a personas de bajos ingresos no está siendo reemplazada.

“La carga económica que impuso el tornado sucede que ha ido a caer sobre las personas de este pueblo que probablemente tenían menos recursos propios para enfrentarse a sus secuelas y ese es otro factor en la decisión de la diócesis de llevar a cabo este proyecto en particular”, dijo Lyon. “Era casi una certeza que las personas a quienes les prestaría servicios serían aquellas que tenían menos recursos propios que aportar que lo que otras podrían tener”.

Añádale a eso el trauma psicológico y espiritual de saber que en cuestión de 20 minutos el tornado mató a 161 personas en un condado cuya población es de unos 100.000 habitantes. “Eso es un impacto masivo”, agregó Wise.

El Rdo. Frank Sierra, rector de San Felipe, en Joplin, dijo que Lafayette House ha visto un aumento de clientes, de un 75 a un 85 por ciento, desde el tornado.

El sitio para la nueva casa está a dos cuadras del área donde el tornado causó los daños más graves, lo que Wilson llamó “la zona de devastación”.

Según una encuesta de la tormenta dada a conocer por la oficina del Servicio Meteorológico Nacional en Springfield, Misurí, el tornado, clasificado como un EF-5, viajó 35,5 kms. sobre el terreno. Su trayecto de unos 10 kilómetros dentro de la ciudad de Joplin fue, por amplio margen, el más intenso y devastador”, escribió Bill Davis, meteorólogo a cargo de la oficina de Springfield.

Numerosas viviendas y negocios bien construidos fueron “barridos de sus cimientos, triturados o aplanados en el lugar, o volados por los aires y amontonados sobre otros escombros y estructuras destruidas”, dijo.

Así es como se veía Rose Cottage —un hogar de transición para mujeres solteras y sus familias que escapaban de situaciones de violencia doméstica y de drogadicción— en las primeras etapas de su construcción. Foto de Melinda Wilson.

Así es como se veía Rose Cottage —un hogar de transición para mujeres solteras y sus familias que escapaban de situaciones de violencia doméstica y de drogadicción— en las primeras etapas de su construcción. Foto de Melinda Wilson.

En total, 6.954 casas fueron destruidas, 359 sufrieron daños graves y 516, daños menores. “La estructura de madera de la mayoría de las casas se desintegró en pequeños pedazos”, según el informe de Davis. “Esto produjo miles de proyectiles mortales”.

Casi todos los edificios comerciales en una extensión de seis cuadras de la calle Central [Main Street] quedaron seriamente averiados o destruidos, como lo fueron varios almacenes de grandes superficies en una franja comercial del este de Joplin. La escuela secundaria y el centro médico también quedaron destruidos.

Más de 15.000 vehículos de diversos tamaños y pesos, incluidos autobuses, remolques de tractores y furgonetas fueron lanzados a más de 300 metros, a varias cuadras de distancia, algunos de los cuales quedaron aplastados y enrollados  y del todo irreconocibles, explicó Davis, añadiendo que algunos propietarios nunca encontraron sus vehículos.

“Algunos vehículos fueron comprimidos y enrollados en torno a los pocos árboles que quedaron en pie, mientras otros se convirtieron en bolas.  Las armaduras de acero centrales de los techos se plegaron como si fueran de papel, y las principales vigas de apoyo quedaron torcidas o curvadas”, proseguía el informe. “Partes de los árboles que quedaron en pie estaban descortezados y desnudos”.

La tormenta arrancó el asfalto del piso de un estacionamiento desde la base y lanzó los fragmentos, en algunos casos, a varias calles de distancia. Arrancó también los contenes de estacionamiento hechos de concreto, que pesaban de 90 a 140 kgs. y que estaban fijos al suelo con varillas de acero, y los lanzó a 20 y 40 metros de distancia.

“Hubo también algunas cosas interesantes, tales como una silla de madera que quedó empotrada con las cuatro patas en un muro exterior de madera y estuco, y una manguera de goma que atravesó un árbol”, apuntó David.

La Rda. Lauren Lyon, secretaria de la Diócesis de Misurí Occidental, dijo que la devastación era “increíble”.

“Realmente te infunde un respeto por las fuerzas de la naturaleza y todo el concepto de ‘esta frágil tierra, nuestro hogar insular’, como dice el Libro de Oración; que todo el poder que somos capaces de reunir para someter el mundo natural a nuestra voluntad con frecuencia no se equipara a las fuerzas de la naturaleza”, subrayó.

Dieciséis familias de San Felipe fueron afectadas por el tornado, según Sierra. Doce de ellas perdieron sus hogares y cuatro sus negocios. Los hogares de otros diez feligreses sufrieron daños menores.

“Todo el mundo está de regreso a casas adecuadas y nos alegramos de eso”, dijo Sierra, añadiendo que algunas personas sólo habían vuelto a sus hogares recientemente.

Un grupo de episcopales ayuda a pintar el interior de Rose Cottage. Foto de Peggy Ralston

Un grupo de episcopales ayuda a pintar el interior de Rose Cottage. Foto de Peggy Ralston

Poco después de la tormenta, muchas personas de toda la diócesis y de la Iglesia quisieron ayudar y Lyon contó que se les dijo que lo mejor serían las donaciones monetarias, porque podrían aplicarse a proyectos específicos o según fueran apareciendo las necesidades.

Los donantes contribuyeron con algo más de $100.000 en respuesta al llamado de la diócesis, según dijo Lyon.

“Somos afortunados por el apoyo que la Iglesia [en su sentido denominacional] nos ha dado”, dijo Sierra.

Aproximadamente una semana después del tornado, el clero y la feligresía de las tres congregaciones episcopales se reunieron con algunos miembros del liderazgo diocesano para empezar a decidir “lo que pensábamos que podíamos hacer de utilidad, tanto inmediatamente como a largo plazo”, según explicó Wilson.

Entre las ideas que se barajaron: ventas de garaje donde todos los objetos fuesen gratuitos, conectar la agencia con un vivero forestal extinto que tenía árboles para donar dirigir un programa para ayudar a replantar árboles en Joplin y encontrar una manera de ayudar con lo que era una intensa crisis de vivienda en la ciudad.

Por ese tiempo, muchas agencias con experiencia en la construcción de viviendas, tales como Hábitat para la Humanidad, ya estaban respondiendo. “Estaban sobre el terreno haciendo planos y no queríamos tratar de competir con ellos, particularmente porque no contamos con los recursos para intentar tal cosa”, señaló Wise.

Fue durante esa conversación que Katie Platt, una feligresa de Grace que trabajaba como consejera en Lafayette House, sugirió que un hogar transicional significaría “una solución más a largo plazo para más familias”.

El terreno ya estaba disponible y el Rdo. Ted Estes, de Todos los Santos, que dice ser un “muchacho del pueblo”, negoció la compra de la propiedad —para lo que se llamará Rose Cottage— con James Herron, el nieto de los dueños del Rose’s Market. El mercado se encontraba enfrente de una escuela que es ahora Lafayette House. Según Wise, los estudiantes solían cruzar la calle para ir a la tienda a comprar caramelos.

Estes dijo que cuando le explicó al propietario que los episcopales querían abrir un albergue para víctimas de violencia doméstica en la localidad, Herron “gentilmente nos vendió la propiedad a menos precio”. Una donación de la Diócesis de Misurí ayudó a la compra, señaló Estes.

Luego vino un largo proceso de construcción, entre cuyas dificultades se incluía encontrar un contratista que estuviera disponible y encontrar uno que pudiera lidiar con el papeleo que conllevaba la constante actualización de los códigos locales de edificación.

Jeff Neely, contratista episcopal radicado en Carthage, trazó gratuitamente los planos de Rose Cottage. La casa de tres dormitorios y dos baños cuenta con un “cuarto de seguridad” de hormigón vaciado a nivel del suelo concebido para proporcionar refugio en caso de tornados.

Según dijo Lyon, la construcción de la casa costó aproximadamente los $100.000 que donó la Diócesis de Misurí Occidental, y las Mujeres Episcopales (ECW, por su sigla en inglés) de la diócesis han estado haciendo acopio de algunos artículos, tales como sábanas y toallas, platos, ollas y sartenes, así como pequeños aparatos electrodomésticos. ECW también está solicitando a las congregaciones de la diócesis que amueblen la casa, dijo Wise. Algunos miembros de las parroquias hay ayudado a pintar el interior, y también se planea plantar un jardín —incluidas rosas para el Rose Cottage.

ECW ha tomado Rose Cottage como un proyecto permanente, de manera que las familias que pasen tiempo allí puedan llevarse algunos artículos de uso doméstico cuando se muden a sus propias casas, según explicó Estes. Han abierto un registro en una tienda local, de manera que los donantes puedan ayudar a comprar reemplazos para las próximas familias, agregó.

Todos los que participan [de este proyecto] dijeron que sería un momento de júbilo cuando Rose Cottage se convierta oficialmente en parte de Lafayette House el 20 de julio, aunque ha sido un proceso frustrante de cierta manera porque la gente quería haber concluido algo útil mucho antes que dos años después del tornado.

“Sí entendemos el porqué y sí queremos lograr que esto se haga bien, pero ha habido alguna frustración en que Joplin está volviendo en sí, pero no está recuperada todavía”, dijo Wise.

Lyon dijo que los participantes han aprendido que “el proceso de recuperación y reconstrucción es lento y exige una tremenda cantidad de fe y de compromiso con un propósito. Reconstruir después de una desgracia de esas proporciones sencillamente no puede ocurrir de la noche a la mañana, y a las personas les lleva tiempo recuperarse de eso; a las comunidades también les lleva tiempo”.

Dos años después, la recuperación todavía no es completa. Wise, que llama a Joplin “mi gran ciudad”, dijo que cuando el va de compras o sale a comer, su impresión es que “que todo el pueblo está deprimido, como si la ciudad entera estuviera en un estado permanente de síndrome postraumático”.

No ayuda el que el tornado no fuera en absoluto un evento inusual. Intensas tormentas se produjeron en la zona durante el fin de semana del 18 y 19 de mayo de este año y el Servicio Meteorológico Nacional emitió una alerta de tornado el 20 de mayo para 26 condados de Misurí, incluido el de Joplin. Esa es la manera de vivir en esta época del año en el Corredor de los Tornados.

Pero, Sierra agregó que “si vuelve a suceder, lidiaremos con eso. Dios estará con nosotros. Él siempre ha estado con nosotros a través de este tiempo”.

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.