Mientras aprendemos a ajustar nuestras vidas dada la realidad del coronavirus y atendemos la solicitud de hacer nuestra parte para frenar su propagación practicando el distanciamiento social, les invito a que se unan a mí cada semana para dedicar un momento a cultivar un «hábito de gracia». Una nueva meditación se publicará cada semana a lo largo del mes de mayo. Estas meditaciones pueden verse en cualquier momento haciendo clic aquí.
29 de mayo de 2020: orar por toda la familia humana
En el libro de Eclesiastés, en las Escrituras hebreas, el texto dice:
Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el sol:
tiempo de nacer y tiempo de morir . . .
tiempo de llorar y tiempo de reír;
tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar.
En el evangelio de Lucas, Jesús dijo: «Dichosos los que lloran, porque reirán». Este próximo fin de semana, viernes, sábado y domingo, el ultimo fin de semana de mayo, nos uniremos con personas de todos los credos, cristianos, musulmanes, judíos y gente de buena voluntad para guardar un tiempo de duelo. Para hacer duelo por los que han muerto de COVID-19, parea orar por ellos y por sus seres queridos, para orar por todos los que están enfermos de cualquier dolencia o afección, para orar por toda la familia humana.
Es un fin de semana de duelo, de duelo colectivo y nacional, ecuménico e interreligioso. Y nos reuniremos con hermanos y hermanas que oran a Dios de diferentes maneras, pero que comparten con todos nosotros una humanidad común creada por un solo creador. Este fin de semana nos uniremos a ellos y al hacerlo les invitamos a participar de esa oración en sus congregaciones y personalmente. Pero quería compartir con ustedes una oración que fue compuesta para este fin de semana, compuesta juntamente por luteranos y episcopales, para la fiesta de Pentecostés en medio de esta pandemia.
Dios de todo poder y amor,
te damos gracias por tu constante presencia
y por la esperanza que brindas en tiempos de incertidumbre y de necesidad.
Envía tu Espíritu Santo a encender en nosotros tu fuego santo.
Revívenos para vivir como cuerpo de Cristo en el mundo:
un pueblo que ora, adora, aprende,
parte el pan, comparte la vida, atiende a sus prójimos,
es portador de buenas nuevas, busca la justicia, descansa y crece en el Espíritu.
Dondequiera y de cualquier manera que nos reunamos,
únenos en oración comunitaria y envíanos en una misión común,
que nosotros y toda la creación podamos ser restaurados y renovados,
mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Dios les ama. Dios les bendiga. Y que Dios nos sostenga a todos, a toda la familia humana, en esas todopoderosas manos de amor.