Luego del traspaso de poderes, algunos episcopales se preguntan: ¿cómo debemos orar?

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Jan 23, 2017

El Libro de Oración Común convoca a los episcopales a orar por la nación y sus autoridades (pág. 281). Foto de Vicente Echerri/ENS.

[Episcopal News Service] Cuando el obispo Jeff Lee les escribió a los episcopales de la Diócesis de Chicago, luego de las elecciones de noviembre, y les pidió que oraran por Donald Trump, así como por todos los funcionarios electos y por la Iglesia, un destinatario le arguyó que dejara de pedirle a las personas que admiraran al presidente electo.

Tal admiración no era lo que Lee se proponía, sino sólo oración, le contestó a quien reclamaba. Sin embargo —comentó él en una entrevista con Episcopal News Service— que la reacción de esa persona le dio una pista sobre la intensidad de las reacciones a la elección de Trump.

El diálogo entre Lee y un miembro de su diócesis no es un incidente aislado. Desde que Trump resultara electo en noviembre, muchos episcopales han preguntado qué significa orar por el 45º. Presidente de EE.UU. durante el culto público, cómo hacerlo y, en ciertos casos, si incluso deben ofrecerse tales oraciones.

Para algunos episcopales no hay discusión: no orarán por Trump, les alegre o no el tenerlo de presidente. Mientras algunas congregaciones que tienen la costumbre de orar por el Presidente por su nombre podrían ponerle fin a esa costumbre; para otras, es una prevista conclusión de que esa especificidad continuará.

En los debates de las redes sociales y congregacionales, otros episcopales distinguen entre orar por el cargo del Presidente y no por el individuo. Algunos dicen que no pueden permitirse que Trump sea nombrado en la liturgia, porque escuchar su nombre podría suscitar traumas en algunos feligreses teniendo en cuenta sus anteriores comentarios sexuales, misóginos y raciales y su conducta general durante la campaña y a partir de entonces. Otros, sin embargo, dicen que uno no puede separar el orar por el cargo y por el titular del mismo; ellos saben quién está en el cargo, nómbrenlo o no.

¿Orar por el Presidente implica bendecir, encomiar o aceptar la conducta o las políticas de la persona —se preguntan otros— o es orar porque Dios guíe a este presidente entrante o a cualquier otro presidente exactamente lo que los cristianos debemos hacer?

Lo que dicen el Libro de Oración Común y la Biblia

El Libro de Oración Común es claro, hasta donde llega. La segunda de las seis rúbricas que norman la Oración de los Fieles en el Rito II de la Santa Eucaristía (pág. 305) requiere peticiones por “la Nación y sus autoridades”. La rúbrica no exige que, en las oraciones, a los líderes se les mencione por sus nombres.

De las seis fórmulas que el Rito II sugiere para esas oraciones, sólo un invitatorio en la Fórmula I hace una mención específica de “nuestro presidente”. La Fórmula V es la única que da la opción de orar por “los que tienen cargos de responsabilidad pública” por su nombre.

La única fórmula de la Oración de los Fieles de la Santa Eucaristía Rito I da la opción de orar por el nombre de “los que tienen la responsabilidad de gobernar”.

Se supone que las congregaciones que adaptan las fórmulas del libro de oración para usar otras fórmulas para la Oración de los Fieles sigan los criterios que aparecen en las rúbricas del libro de oración.

El Libro de Oración Común también contiene oraciones para usarlas en cualquier liturgia u oración particular, entre ellas nueve “Oraciones por la Vida Nacional” (pág. 710-713) y dos “Acciones de Gracias por la Vida Nacional” (págs. 710-711).

La primera de las seis fórmulas de la Oración de los Fieles en el Rito II de la Santa Eucaristía incluye una petición por el Presidente (pág. 306). Foto de Vicente Echerri/ENS.

Muchos episcopales sustentan su Oración de los Fieles en la Escritura. Se remiten a Mateo 5:43-48, pasaje en el cual Jesús le dice a sus seguidores “amad a vuestros enemigos y orad por los que os ultrajan y os persiguen”.

También citan la admonición de Pablo a los Romanos a no ser vencidos por el mal, sino a vencer con el bien el mal (Romanos 12:21), así como el próximo versículo (13:1) en el que Pablo le dice a los cristianos que deben obedecer “a las autoridades superiores”. Alguna referencia a 1 Timoteo 2:1-4, en que el autor llama a los cristianos a orar “por los reyes y por todos los que están en eminencia”.

¿Es esto una prueba?

Un hilo conductor a través de muchos de estas discusiones es si este debate de la oración es una prueba de la fidelidad de los episcopales al Evangelio.

“Aquí es cuando la religión se torna auténtica”, dijo el obispo primado Michael Curry a Episcopal News Service en una entrevista reciente. Al enfrentarse a preguntas como éstas, Curry dijo que los cristianos deben enfrentarse a la comprensión de su identidad en Cristo.

“Si vivimos siendo parte del movimiento de Jesús de Nazaret, siguiendo sus huellas y su espíritu, su camino; si eso es lo que somos; si en eso consiste el bautismo, luego he logrado superarme a mí mismo, aunque no quiera”, dijo él, incluido el imperativo bíblico de orar por los que nos han agraviado, o algo peor.

“Cuando oramos por Donald o Barack… estamos orando por su bienestar, sin lugar a dudas como personas, pero estamos orando por su liderazgo; para que nos dirijan en la justicia, para que nos dirijan en la bondad”, afirmó.

Las fórmulas V y VII de la Oración de los Fieles del Rito II incluye una opción para nombrar a los que tienen cargos de responsabilidad pública” ( págs. 312-313). Foto de Vicente Echerri/ENS.

La Rda. Devon Anderson, rectora de la iglesia episcopal de La Trinidad [Trinity Episcopal Church] in Excélsior, Minnesota, le dijo a ENS que el debate sobre la Oración de los Fieles llega también al tuétano de la teología anglicana/episcopal en lo tocante a la oración comunitaria.

“Cuando llegamos al altar para orar el domingo por la mañana, oramos con una sola voz. Rezamos las mismas palabras, cantamos los mismos himnos, ahuecamos las manos y recibimos el mismo pan. Y lo más importante, oramos por la justicia”.

Esas oraciones llaman a todos los funcionarios electos a laborar por el bien común con la mirada puesta en la justicia y en una preferencia por los pobres, expresó ella. “Todos los líderes —independientemente de sus plataformas, sus flaquezas, sus proezas, sus abusos o sus políticas— están necesitados de esas oraciones”, añadió Anderson.

¿Orar o protestar?

Curry dijo a ENS que orar por los líderes y desafiarlos a cambiar no son mutuamente excluyentes. “Crecí teniendo que orar por líderes que alentaban la segregación racial y yo era un ser segregado, pero lo hacíamos de todos modos”, explicó.

Durante el movimiento de los derechos civiles, dijo Curry, la gente “oraba y protestaba al mismo tiempo”.

“Nos arrodillábamos en la iglesia y orábamos por ellos, y luego nos levantábamos y marchábamos a Washington”, señaló.

Jack Douglas dijo que él oraba diariamente por los presidentes anteriores y que orará por Trump. “Esto no significa que no lo vaya a criticar”, escribió Douglas, que vive en Fayetteville, Arkansas. “Siempre criticaré, pero siempre también oraré”.

Anderson, que también preside la Comisión Permanente de Liturgia y Música, cree que “las comunidades episcopales deben sentar la pauta del tipo de justicia y compromiso que exigimos de nuestros líderes electos” comenzando “con la oración comunitaria que inspira testimonio y ministerio proféticos en nuestras comunidades a favor de las personas marginadas”.

Si bien ella entiende el impulso de una comunidad de fe que está unificada en su ideología política para rehusar orar por el presidente mencionando su nombre, Anderson dijo que ella sirve a “una congregación políticamente diversa que en lo político no es de un solo sentir” También tiene un ministerio de reasentamiento de refugiados, un antigua asociación con comunidades indígenas y un compromiso con la reconciliación racial.

“Tenemos que ser muy cuidadosos para seguir ofreciendo un culto comunitario que nos unifique en lugar de dividirnos. Seguiremos orando por nuestros líderes electos (por su nombre) cuando el Libro de Oración Común así lo pida”, dijo ella. “Para mí, eso es un acto de resistencia contra la división”.

La Trinidad también redoblará sus empeños de participación comunitaria en los días y años venideros “porque el evangelio nos llama a esos ministerios”, dijo ella.

La formulación tradicional de la liturgia del Rito I de la Santa Eucaristía da la opción de orar por sus nombres por aquellos “que tienen la responsabilidad de gobernar” (pág. 251). Foto de Vicente Echerri/ENS.

Para Anderson, la cuestión es “bastante más profunda que los nombres propios en la Oración de los Fieles”.

“La cuestión es: ¿cuán lejos estamos dispuestos a llegar para ayudar a propiciar aquello por lo que oramos? ¿Cuánto de nuestros corazones (y de nuestro tiempo y de nuestros recursos) se dedican a la labor y el compromiso auténticos que exigirá la corrección de las cosas que andan mal en nuestro país?”, le dijo ella a ENS.

¿Qué importa el nombre?

La Rda. Elizabeth Kaeton, una antigua activista dentro y fuera de la Iglesia Episcopal que trabaja como enfermera de un hospicio en Delaware, no puede aceptar orar por Trump mencionando su nombre durante la liturgia. Orar por Trump es diferente a orar públicamente por Barack Obama o por George W. Bush, le dijo ella a ENS.

“Él ha dicho cosas que están en conflicto con los principios fundacionales de esta nación: libertad y justicia para todos. Él no se ajusta a eso”, dijo Kaeton, añadiendo que ella no ve pruebas de que Trump respecte la dignidad de todo ser humano ni busque servir a Cristo en todas las personas como exige el Pacto Bautismal.

“¿Cómo orar comunitariamente por alguien que es tan antitético a nuestro país y a nuestras creencias cristianas sin al menos tener una conversación sobre lo que eso significa?”, preguntó.

Un debate reciente en la página de Facebook de ENS ejemplificó la división que suscita esta pregunta. Por ejemplo, Judy Schroder Niederman escribió que, debido a la manera en que ella dijo que Trump “ridiculiza e intimida a otros, como miente, como amenaza”, ella “no puede pronunciar y no pronunciará el hombre de ese hombre. Ni siquiera podré emocionalmente orar por él. Oraré por el cargo de la presidencia”.

Alynn Beimford replicó diciendo que durante ocho años ella no pudo proferir el nombre de Barack Obama durante el culto, pero que “alegremente” , mencionará el de Trump.

El Rdo. Mike Kinman, rector de la iglesia episcopal de Todos los Santos [All Saints Episcopal Church] en Pasadena, California, citó la reacción que el nombre de Trump suscita en algunas personas [para explicar] su decisión de que la parroquia dejara de mencionar el nombre del Presidente en sus oraciones.

“Se nos encarga correctamente que oremos por nuestros líderes”, escribió Kinman. “Pero también se nos encarga que mantengamos la comunidad cultual, si bien no libre de retos, un lugar al margen de perjuicios”.

Kinman compara el orar por Trump el pedirle a una mujer que ha sido víctima de abusos que ore por la persona que abusó de ella. “No es que el abusador no necesite oración —en verdad todo lo contrario—, pero la oración nunca debe ser una acción que cause traumas”, afirmó.

Él se comprometió a escuchar a la congregación y orar respecto a la decisión que [él] ha de tomar.

Kaeton dijo que espera que esta discusión “dé paso a un debate en las congregaciones, así como nacionalmente, respecto a la oración, acerca de la eficacia y propósito de la oración, y sobre la oración privada y la oración pública”.

“Espero que consiga que las congregaciones atiendan lo que están haciendo en su liturgia, y cómo están rezando la Oración de los Fieles y quién decide eso. ¿Estamos simplemente aceptando lo que dice el clero?”

La Gran Letanía (página 114), que muchas congregaciones episcopales usarán el Primer Domingo de Cuaresma, incluye una petición por el Presidente de la nación y es específica respecto a la intención de la oración. Foto de Vicente Echerri/ENS.

El Rdo. Michael Arase-Barham, vicario de la iglesia episcopal de la Sagrada Familia [Holy Family Episcopal Church] en Half Moon Bay, California, y de la iglesia episcopal de El Buen Pastor [Good Shepherd Episcopal Church] en la vecina Belmont, se muestra de acuerdo en la necesidad de ese debate.

“Mi instinto inmediato es decir que estoy fascinado de que estemos hablando de si debemos orar o no, en lugar de estar orando juntos”, le dijo él a ENS. “Sin embargo, parte del problema es ese, tal vez, que no hemos hablado lo suficiente acerca de cómo orar por nuestros enemigos. Es difícil comenzar a orar por los enemigos cuando los tienes y ya no es algo teórico”.

Después de las conversaciones en las redes sociales, Arase-Barham dijo que le había golpeado “cuán fácilmente podemos desdeñarnos mutuamente respecto a esto. Me parece a mí que la oración debe hacernos a todos un poco más humildes y más receptivos hacia los demás. En alguna medida, estamos haciendo enemigos de nuestros amigos en Facebook”.

“¿Cómo podemos orar tocante a Trump si no podemos debatir esto cordial y espiritualmente?”, preguntó.

El poder misteriosamente transformador de la oración

Arase-Barham les sugirió que las congregaciones deben conversar acerca de la realidad que las peticiones en la Oración de los Fieles dejan suficiente margen para que las intenciones individuales se sumen a las otras voces de la comunidad orante. Por ejemplo, dijo, él se concentraba en diferentes cosas mientras oraba por George W. Bush o Barack Obama durante la liturgia.

“El espíritu sigue siendo capaz de obrar en cada persona que reza esa oración en ese espacio, y Dios puede obrar a través de nosotros y a través de esa oración a pesar de los resultados que deseamos”, afirmó Arase-Barham.

Curry le dijo a ENS que “orar por aquellos que están en posiciones de liderazgo es realmente liberar una energía que absolutamente tiene su fuente en Dios y que puede tocar el espíritu humano de algún modo”.

La oración no consiste en “evadir la realidad” debido a los problemas que conlleva, dijo, “es en verdad profundizar, tiene un modo de liberar, a la persona que ora, del poder destructivo de una relación destructiva”.

Una versión opcional de la Gran Letanía que se encuentra en la serie “Enriching Our Worship” [“Enriqueciendo nuestro culto”] incluye peticiones para las tres ramas del gobierno de EE.UU. y contempla llamar al Presidente por su nombre. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.

El Rdo. Kim Hobby, pastor de la iglesia episcopal de Cristo [Christ Church Episcopal] en South Pittsburg, Tennessee, se encontraba entre los que comentaron en la página web de ENS acerca de la naturaleza de la oración. “La oración cambia las cosas, y al primero que cambia es a quien ora”, escribió. “La verdadera oración cambia nuestros corazones de temor y odio a corazones de valor y amor, a pesar de nuestros instintos humanos. Oro que los corazones de todos nuestros líderes, incluido el presidente electo, se abran para ver, oír y responder compasiva y respetuosamente a todas las personas en todos los tiempos y en todos los lugares”.

Lee, el obispo de Chicago, convendría en ese juicio. “Orar no consiste, primero y ante todo, en pedirle a Dios que reordene el universo conforme a mis especificaciones, sino pedirle a Dios que me reordene a mí”, le dijo él a ENS.

En una entrevista con ENS, el Muy Rdo. Randolph Hollerith, deán de la Catedral Nacional de Washington, dijo que los episcopales no ven la oración como algo mágico”.

“Nuestras oraciones son nuestra manera de intentar adherirnos a Dios y concentrarnos un poquito más en lo que Dios quiere para nosotros”, apuntó. “Si yo creo que Dios ama a todo ser humano en su esencia; que Dios ama a cada ser humano infinitamente, entonces ¿cómo puedo orar tan sólo por las personas con las que estoy de acuerdo cuando sé que Dios ama a esa persona con la que discrepo con una profundidad que ni siquiera puedo comprender?”

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– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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