La Obispa Primada hace una histórica visita al norte de Haití

Por Lynette Wilson
Posted Dec 22, 2014
La obispa primada Katharine Jefferts Schori, el obispo diocesano de Haití Jean Zaché Duracin, a la derecha, el obispo sufragáneo de Haití Ogé Beauvoir, a la izquierda, y algunos clérigos posan en las gradas de la parroquia del Espíritu Santo en Cabo Haitiano luego de la eucaristía del 14 de diciembre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La obispa primada Katharine Jefferts Schori, el obispo diocesano de Haití Jean Zaché Duracin, a la derecha, el obispo sufragáneo de Haití Ogé Beauvoir, a la izquierda, y algunos clérigos posan en las gradas de la parroquia del Espíritu Santo en Cabo Haitiano luego de la eucaristía del 14 de diciembre. Foto de Lynette Wilson/ENS.

[Episcopal News Service – Cabo Haitiano, Haití] La obispa primada Katharine Jefferts Schori se convirtió recientemente en la primer primado de la Iglesia Episcopal que visita el norte de Haití.

“Es una visita muy importante para nosotros”, dijo el Rvdmo. Ogé Beauvoir, obispo sufragáneo de la Diócesis de Haití, durante una entrevista con Episcopal News Service, el 15 de diciembre, en la oficina diocesana de Pétionville, un suburbio de Puerto Príncipe.

Cada domingo, los episcopales del norte de Haití oran por la Obispa Primada, dijo Beauvoir, que ha vivido en Cabo Haitiano [Cap-Haitien] desde que se convirtió en obispo sufragáneo en 2012, pero con excepción de unos pocos, nunca la habían conocido. Mientras los feligreses abordaban los autobuses luego de la eucaristía del 14 de diciembre, le dijeron a Beauvoir, “‘por favor, exprésele nuestra gratitud y amor a nuestra Obispa Primada, dígale que la queremos’”, contó él.

La Obispa Primada visitó Haití del 13 al 15 de diciembre, haciendo primero una escala en el norte, donde predicó en la parroquia del Espíritu Santo, visitó la escuela parroquial y la escuela técnica del Espíritu Santo. Este fue su sexto viaje a Haití, el primero fue en 2008, antes de devastador terremoto del 12 de enero de 2010, que causó la muerte a miles de personas y destruyó totalmente a Puerto Príncipe, incluida la catedral diocesana [episcopal] y su complejo de instalaciones.  

La obispa primada Katharine Jefferts Schori, recorre la escuela del Espíritu Santo en Cabo Haitiano. Foto de Lynette Wilson/ENS.  

La obispa primada Katharine Jefferts Schori, recorre la escuela del Espíritu Santo en Cabo Haitiano. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Jefferts Schori estaba acompañada de Alexander Baumgarten, director del Departamento de Actividad Pública y Comunicación de la Misión de la Sociedad Misionera Nacional y Extranjera, en el viaje que comenzó tres días antes con una visita a la Diócesis de la República Dominicana, donde se impusieron del empeño del gobierno en despojar de la ciudadanía a dominicanos de ascendencia haitiana.

“Hemos estado en la República Dominicana durante los últimos días para saber más de la necesidad de buenas nuevas en presencia de lo que han dicho los tribunales [de ese país] sobre las personas de ascendencia haitiana que viven allí”, dijo la Obispa Primada durante su sermón del 14 de diciembre. Los fallos legales parecen decir que aunque hayas nacido allí, si tus padres o abuelos fueron de Haití a trabajar allí, no tienes ningún derecho a inscribir tu nacimiento ni a garantizar tu ciudadanía. Muchas personas se han visto atrapadas entre las dos naciones, sin que, en la práctica, ninguna de las dos los reclame. Los que carecen de un estatus reconocido no pueden trabajar, ni asistir a la escuela, ni viajar fuera del país ni obtener reconocimiento para sus propios hijos”.

“Las raíces de esta injusticia son muchas —racismo, historia colonial, apetito de poder, incluso incompetencia y negligencia oficiales. Son las mismas realidades pecaminosas que han confrontado los seres humanos desde el principio —no siempre elegimos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos.

“La buena nueva es que a todos nosotros nos reclama una nación llamada el Reino de Dios. Juntos, podemos decidir usar nuestras voces y acciones para cambiar las malas noticias del mundo…”, dijo ella.

La obispa primada Katharine Jefferts Schori habla con una feligresa luego de la eucaristía del 14 de diciembre en la parroquia del Espíritu Santo en Cabo Haitiano. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La obispa primada Katharine Jefferts Schori habla con una feligresa luego de la eucaristía del 14 de diciembre en la parroquia del Espíritu Santo en Cabo Haitiano. Foto de Lynette Wilson/ENS.

El viaje de la Obispa Primada a Haití tuvo lugar en un momento de violentas protestas contra el gobierno del presidente Michel Martelly. Los manifestantes exigían la celebración de las elecciones legislativas y locales que se han aplazado durante mucho tiempo. El 28 de noviembre, Martelly nombró una comisión de 11 miembros, compuesta por ex funcionarios y líderes religiosos, entre ellos [el obispo] Beauvoir, para ayudar a resolver el impasse político que existe desde que se suspendieron las elecciones en 2011.

La comisión recomendó que el primer ministro haitiano Laurent Lamothe renunciara, lo cual él hizo el 14 de diciembre.

“Es parte de nuestro ministerio”, dijo Beauvoir de su nombramiento para [integrar] la comisión. “Cuando el país se encuentra en problemas y el gobierno nos pide ayuda, es nuestra tarea hermanar a la gente.

“Ser episcopal significa ser tolerante, y hay una falta de tolerancia en la sociedad actual y eso es lo que nosotros aportamos”.

Martelly ha aceptado la recomendación de la comisión y está dispuesto a actuar en consecuencia, y el primer ministro ha acabado de renunciar, dijo Beauvoir el 15 de diciembre.

“Esas son señales de esperanza, y el próximo paso es llamar a la oposición a que venga y dialogue”, señaló.

Las protestas violentas continuaron el 16 de diciembre cuando los manifestantes tomaron las calles de la capital exigiendo la renuncia del Presidente.

A menos que las elecciones se celebren antes del 12 de enero de 2015, el quinto aniversario del terremoto, Haití se quedará sin un parlamento en funciones hasta las elecciones presidenciales hacia fines de 2015.

“Siempre hemos tenido inestabilidad política, pero hemos presenciado algún progreso”, dijo Jean Zaché Duracin, obispo de la Diócesis de Haití. “La situación no es como cuando ocurrió el terremoto, pero podríamos hacer más por el pueblo haitiano. Muchos jóvenes sienten que han sido abandonados [por el gobierno], en lo concerniente a la educación y la atención sanitaria; la situación económica no es buena, el [índice de] de desempleo es alto. Creo que tenemos mucho que hacer”.

La Iglesia Episcopal es muy respetada en Haití y ha desempeñado un importante papel en la reconstrucción después del terremoto; sin embargo, el país sigue siendo el más pobre del hemisferio occidental.

La obispa primada Katharine Jefferts Schori, el obispo de Haití, Jean Zaché Duracin, y el Rdo. Jean MacDonald, sacerdote jubilado, durante una visita a la escuela técnica en Cabo Haitiano. Foto de Lynette Wilson/ENS.

La obispa primada Katharine Jefferts Schori, el obispo de Haití, Jean Zaché Duracin, y el Rdo. Jean MacDonald, sacerdote jubilado, durante una visita a la escuela técnica en Cabo Haitiano. Foto de Lynette Wilson/ENS.

Haití tiene una tasa de desempleo del 80 por ciento y millones de personas viven en extrema pobreza; luego del terremoto, haitianos de todo el país acudieron en masa a la devastada Puerto Príncipe para recibir ayuda internacional. Finalmente, las ONG y los donantes se dieron cuenta de que debían invertir en desarrollo rural y urbano fuera de la capital para alentar a los haitianos a regresar a sus lugares de origen. Esa labor puede verse ahora tanto en el Centro Agrícola San Bernabé, donde la diócesis adiestra a 54 estudiantes en tareas agrícolas, y en la escuela técnica, donde ofrece cursos de mecánica, plomería y electricidad.

La diócesis tiene una asociación en la región norte con Pan para los Pobres [una organización benéfica] con sede en la Florida, a través de la cual está contribuyendo a que algunos jóvenes obtengan destrezas básicas, dijo Beauvoir, señalando a los 420 alumnos de la escuela técnica.

“Gracias a la asociación con Pan para los Pobres, costeamos [los estudios de] 250 de ellos”, añadió. “Estamos tratando de capacitar a los jóvenes. También estamos trabajando con las personas de los pueblos en la organización de sus vidas colectivas… y con las mujeres en los temas de justicia social”.

La Diócesis de Haití es la más grande de la Iglesia Episcopal y abarca los 17.220 kilómetros cuadrados del país, en el cual 46 clérigos atienden a más de 200 iglesias, 254 escuelas, dos hospitales y 13 clínicas.

La diócesis se propone presentar una resolución en la Convención General de 2015 en Salt Lake City, Utah, la cual, de resultar aprobada, establecería una segunda diócesis en el norte.

Establecer una segunda diócesis en Haití le permitiría al liderazgo perfeccionar e intensificar el desarrollo emprendido en esa región al proporcionarle más atención y apoyo locales, y [al tener] la capacidad de responder más rápidamente a las oportunidades y los retos que se presenten, dijo Jefferts Schori a ENS después de la visita.

“Por ejemplo, la Asamblea de la Región Norte, que se celebró justo antes de que llegáramos, es ejemplo de un liderazgo protodiocesano que puede crear estrategias para esa parte de la diócesis”, afirmó. “La sostenibilidad depende de la capacidad de vincular recursos misionales con necesidades misionales, y ello siempre tiene que ser en un contexto específico”.

– Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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