Episcopales sioux celebran el resurgimiento de una iglesia de las cenizas de un incendio provocado

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Dec 2, 2013
La Rda. Delores Watson, diácona de la iglesia episcopal de San Lucas en Fort Yates, Dakota del Norte, usa la manga de su alba para secar a Mance Chasson Spotted Elk, de 1 año, después de haber sido bautizada por el obispo Michael Smith de Dakota del Norte el 23 de noviembre. Mance, a quien sostiene su madre, Dusty Spotted Elk, fue el primer bebé bautizado en la nueva iglesia de Santiago en Cannon Ball. Joshua Floberg, que renovó su pacto bautismal unos minutos después, observa la escena. Foto de Mary Frances Schjonberg par ENS.

La Rda. Delores Watson, diácona de la iglesia episcopal de San Lucas en Fort Yates, Dakota del Norte, usa la manga de su alba para secar a Mance Chasson Spotted Elk, de 1 año, después de haber sido bautizada por el obispo Michael Smith de Dakota del Norte el 23 de noviembre. Mance, a quien sostiene su madre, Dusty Spotted Elk, fue el primer bebé bautizado en la nueva iglesia de Santiago en Cannon Ball. Joshua Floberg, que renovó su pacto bautismal unos minutos después, observa la escena. Foto de Mary Frances Schjonberg par ENS.

[Episcopal News Service – Cannon Ball, Dakota del Norte] En la radiante aunque fría mañana del 23 de noviembre, aquí en la reserva india de Standing Rock, la congregación de la iglesia episcopal de Santiago [St. James] inauguró oficialmente una nueva iglesia que se asemeja a una tienda nativoamericana y que se percibe como si los feligreses se reunieran en un atrapasueños.

La temperatura rondaba en torno a los 6 grados F. (-14 C.) y un viento ligero soplaba del cercano río Misurí mientras los miembros de la congregación y los visitantes permanecían de pie en el estacionamiento de suelo de grava a la espera del comienzo del oficio.

Cantaban “Muchas y grandes [son] tus obras, oh Dios” [“Many and Great”] un himno que el Rdo. John Floberg, rector de Santiago, dijo que creía que había sido el primer himno cristiano escrito en lakota. Él le contó a la congregación que fue  ese himno el que iban cantando los 38 dakotas el 26 de diciembre de 1862 camino del patíbulo en lo que habría de ser la mayor ejecución llevada a cabo en un solo día en la historia de Estados Unidos. Los reos habían sido declarados culpables de haber formado parte de una sublevación ese año.

“Que se abra la puerta” dijo Michael Smith, obispo de Dakota del Norte, llevando un penacho indio de plumas, en lugar de la mitra, mientras golpeaba sonoramente la puerta de la iglesia.

El techo de la nueva iglesia episcopal de Santiago en Cannon Ball, Dakota del Norte evoca una tienda nativoamericana y un atrapasueños. Foto de Mary Frances Schjonberg para ENS.

El techo de la nueva iglesia episcopal de Santiago en Cannon Ball, Dakota del Norte evoca una tienda nativoamericana y un atrapasueños. Foto de Mary Frances Schjonberg para ENS.

Cuando el Rdo. Neil Two Bears y la acólita Mia Two Bears abrieron la puerta, Smith proclamó: “Paz sea a esta casa y a todos los que entran en ella” al tiempo que usaba su báculo pastoral para trazar el signo de la cruz en el umbral.

La escena no tenía nada que ver con la noche del 25 de julio de 2012, Fiesta de Santiago, cuando un incendio deliberado se propagó por las estructuras de madera de la iglesia y del salón parroquial.

Phoenix Martínez, de 19 años, se declaró culpable de un cargo de incendió voluntario y fue sentenciado el 30 de septiembre a tres años y cuatro meses de reclusión en una cárcel federal, seguido por cinco años de libertad supervisada. También le impusieron que pagara una restitución de $354.100.

El único recuerdo visible de esa noche es la cruz que cuelga delante de una manta de retazos sobre el púlpito. Está hecha de dos toscos pedazos de madera chamuscados provenientes del piso del salón parroquial, la única madera que no se redujo a cenizas en el incendio.

“Es como un regreso al hogar”, dijo Florestine Grant, la guardiana mayor, antes del comienzo del oficio. “Soñamos con las cosas que podemos hacer por los niños, los ancianos y por la cultura”.

Una de sus hijas, Alex Spotted Elk, dijo que era una lástima que un incendio hubiera obligado a la congregación a tener que construir un nuevo edificio. Pero, agregó, al tiempo que miraba hacia el techo de la nueva iglesia, “este es un lugar para nuevos recuerdos”.

El Rdo. Terry Star, diácono que creció en [la congregación] de Santiago y que ahora es seminarista en Nashotah House en Wisconsin, recordaba durante su sermón cómo hace casi 100 años un obispo episcopal les dijo a los sioux de la zona que tenían que renunciar a sus adornos indios para ser cristianos. Esa actitud ha cambiado, afirmó Star, como resulta obvio de la decoración de la nueva iglesia de Santiago.

El Rdo. Terry Star, un diácono que creció en la iglesia de Santiago y que es seminarista en Nashotah House, predica el 23 de noviembre durante la consagración de la nueva iglesia de Santiago. Detrás de él está la cruz hecha de dos rugosas piezas de madera chamuscadas provenientes del piso del salón parroquial de Santiago, la única madera que no se redujo a cenizas en el incendio provocado del 25 de julio de 2012. Foto de Mary Frances para ENS.

El Rdo. Terry Star, un diácono que creció en la iglesia de Santiago y que es seminarista en Nashotah House, predica el 23 de noviembre durante la consagración de la nueva iglesia de Santiago. Detrás de él está la cruz hecha de dos rugosas piezas de madera chamuscadas provenientes del piso del salón parroquial de Santiago, la única madera que no se redujo a cenizas en el incendio provocado del 25 de julio de 2012. Foto de Mary Frances para ENS.

“Podemos ser dakotas; podemos ser quienes somos —para lo que Dios nos hizo— y no obstante seguir a Jesucristo”, afirmó.

Star dijo que esperaba que la iglesia hermosa y colorida llegara a convertirse en un símbolo pujante para las personas de la zona.

Él recordó un relato que le contaba su abuela acerca de Iya, un monstruo gigantesco cuyo nombre significa literalmente “boca”, y de Ikto, el embaucador que halagaba al monstruo para que éste confiara en él. Ikto fingió ser el hermano mayor del monstruo y le preguntó a éste que era lo que más temía. Iya le dijo que le temía al estruendo de cantos y tambores. Ikto fue hasta la próxima aldea y les dijo que empezaran a celebrar con cantos y tambores.

La treta funcionó; Iya se quedó paralizado por el miedo e Ikto aprovechó la oportunidad para matarlo. Cuando le abrieron el estómago a Iya, todas las personas que el monstruo se había tragado recobraron la vida.

“Hay una oscuridad que está devorando a nuestro pueblo” dijo Star. “Algo se está tragando a nuestra gente”.

Un paseo en torno a Cannon Ball, agregó, muestra una falta de “arte y colorido”, nada más que “casas pintadas de color malvavisco”, cuyos tonos no fueron escogidos por sus ocupantes.

“Tenemos una oportunidad en este edificio y a través del Evangelio y a través de nuestro culto en este edificio de devolverle color y celebración a la comunidad”, añadió. “Podemos ahuyentar al Iya que está devorando a nuestro pueblo”.

Star dijo que los miembros deberían invitar [a la iglesia] a artistas “que puedan escuchar estos pasajes del Evangelio y expresarle a la iglesia estos relatos evangélicos a través de su obra” y “mostrar que hay lugar aquí para ese clase de obra”.

Él también instó a la congregación a no ser tan sólo asistentes de Navidad y Pascua.

“Este edificio no funciona si sólo se usa en Navidad y Pascua; tenemos que estar aquí todo el tiempo”, enfatizó.

Y luego, “toda la alegría y la felicidad” que viene de adorar aquí en este espacio, dijo Star “no se supone que se quede aquí”.

“Se supone que las saquemos por esas puertas y las llevemos a la comunidad”, concluyó. “Matemos ese Iya y devolvámosle la alegría y la felicidad a nuestra comunidad”.

Star, que leyó el Evangelio en Dakota, epitomizó la confluencia del cristianismo occidental y de la espiritualidad sioux de la Iglesia. Él estaba revestido de sotana, sobrepelliz, esclavina y bandas de predicación, llevaba un medallón en que parecía bordado con mostacillas el crismón o cristograma [las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo], una pluma de águila sujeta al cabello e iba calzado con unos mocasines con mostacillas. Star leyó su sermón en un iPad.

Una iglesia llena de artistas y donantes

La nueva iglesia de Santiago, todavía con los rincones un poco sin terminar y con cajas de revestimientos para el piso escondidas debajo de los bancos, y donde instalaron las barandas del comulgatorio en las primeras horas de esa misma mañana, está equipada con artículos y muebles de otras iglesias, junto con nuevas contribuciones.

Una colorida manta de retazos cuelga de cada una de las cuatro esquinas de la nave. Estas mantas con frecuencia se obsequian en funerales, ceremonias para darle nombre a alguien, bodas y otras celebraciones que representan la gratitud del dador hacia la persona que la recibe. Otra manta de retazos, que adornó el púlpito durante el oficio, también servirá de paño frontal del altar.

La pila bautismal, tallada por el artista local Charles McLaughlin, hecha de alabastro de Colorado, evoca una canoa de piel de búfalo, que se usaba para cruzar de una a otra orilla del río Misurí. Algunos sioux yanktonai que sobrevivieron a la masacre de White Stone Hill de 1863 cruzaron el río para vivir con otros dakotas asentados cerca de la desembocadura del río Cannon Ball.

White Stone Hill estará representada en un mural lateral del ápside que aún está por terminarse. Las montañas cercanas aparecerán representadas en el otro panel y, en el medio, la Nueva Jerusalén como una aldea india, dijo Floberg.

En la parte inferior del lateral donde han de pintarse las montañas cercanas, ya cuelga una gran pantalla plana de televisión.

Holly Doll, nieta de dos episcopales de abolengo de [la tribu de] Standing Rock, el Rdo. Innocent y Edna Goodhouse, diseñó y creó un evangelario de parfleche. Esto último es una bolsa de cuero crudo que los indios de las Grandes Planicies usaban tradicionalmente para guardar y llevar documentos importantes. La Biblia que se encuentra dentro de esta bolsa es una traducción al dakota del Nuevo Testamento.

Algunos episcopales de la zona donaron otros artículos y la iglesia de la Santa Trinidad [Holy Trinity] de Juneau, Alaska, otra iglesia que sabe lo que es perder su edificio en un incendio, donó la cruz procesional.

 

Bonnnie Anderson, ex presidente de la Cámara de Diputados, recibe una manta de retazos al final del oficio de consagración del 25 de noviembre en la iglesia episcopal de Santiago en agradecimiento por haber dirigido el Fondo de Reconstrucción Ikpanazin que reunió $67.532 para ayudar con los costos de la nueva iglesia. Foto de Mary Frances Schjonberg para ENS.

Bonnnie Anderson, ex presidente de la Cámara de Diputados, recibe una manta de retazos al final del oficio de consagración del 25 de noviembre en la iglesia episcopal de Santiago en agradecimiento por haber dirigido el Fondo de Reconstrucción Ikpanazin que reunió $67.532 para ayudar con los costos de la nueva iglesia. Foto de Mary Frances Schjonberg para ENS.

La Rda. Gay Clark Jennings, actual presidente de la Cámara de Diputados de la Iglesia Episcopal, donó los candelabros, los hachones procesionales y el Cirio Pascual en honor de su predecesora, Bonnie Anderson, que ayudó a recaudar el dinero para construir la nueva iglesia de Santiago.

La mayoría de los muebles principales, entre ellos el púlpito, las barandas del comulgatorio, los bancos y un retablo que contiene una pintura mural de la Ascensión, cuyo trasfondo puede ser una representación de las colinas que se encuentran fuera de la iglesia, vinieron de la iglesia luterana Houhlum en Lake Park, Minnesota. Floberg creció en Hawley, al oeste de Lake Park, y se enteró de la clausura de la iglesia en agosto de 2013 mientras leía el periódico local y [de inmediato] se puso en contacto con la congregación  [luterana] para contarles del incendio en la iglesia de Santiago y del plan de reconstrucción.

El altar, sin embargo, es otra historia. Una simple mesa con los laterales cerrados, en cuyo frente se destaca la palabra Wakan (Santo) flanqueada por una cruz dorada, había servido a la congregación de Santiago —regalo de la iglesia congregacional de Big Lake— en la reserva india hasta los años 90. Cuando una iglesia episcopal en el vecino Park Ridge cerró y sus muebles vinieron a Santiago, el viejo altar se envió al Campamento San Gabriel [St. Gabriel’s Camp] en Solen. Ahora se encuentra de regreso en Santiago.

La construcción de una nueva [iglesia de] Santiago a los 16 meses del incendio ha sido un esfuerzo de primera magnitud. Un acuerdo con el seguro de la Iglesia [Church Insurance] sumado a algún dinero diocesano hizo ascender la recaudación a $359.392, aunque aún faltaba una diferencia. Anderson dirigió el Fondo de Reconstrucción Ikpanazin que reunió otros $67.532, junto con $5.000 en donaciones y promesas de la propia congregación de Santiago, dijo Floberg a Episcopal News Service. La Ofrenda Unida de Gracias le dio a la iglesia una subvención de $48.500 durante su asignación de fondos de 2013.

Pat Fearing, representante local de la Ofrenda Unida de Gracias, describe cómo la subvención de $48.500 que la iglesia de Santiago recibió como ayuda a la reconstrucción de su nuevo templo —y todas las subvenciones de la UTO— provienen de contribuciones que los episcopales hacen en gran medida a través de las “cajitas azules”, como la que sostiene el Rdo. John Floberg. Foto de Mary Frances Schjonberg para ENS.

Pat Fearing, representante local de la Ofrenda Unida de Gracias, describe cómo la subvención de $48.500 que la iglesia de Santiago recibió como ayuda a la reconstrucción de su nuevo templo —y todas las subvenciones de la UTO— provienen de contribuciones que los episcopales hacen en gran medida a través de las “cajitas azules”, como la que sostiene el Rdo. John Floberg. Foto de Mary Frances Schjonberg para ENS.

El empeño de recaudación combinado sobrepasó los objetivos y ahora está en marcha una segunda fase para construir un terreno de béisbol y áreas de picnic cerca de la iglesia.

Sin embargo, los fondos que se recogieron durante el oficio de consagración del 23 de noviembre se donarán. “En gratitud por todo lo que hemos recibido de los demás”, le dijo Smith a la congregación, el dinero se destinará al empeño de la Iglesia Episcopal  de reconstruir la catedral destruida por el terremoto en Puerto Príncipe, Haití, la primera fase del cual se espera que cueste $15 millones.

La firma constructora Prairie Outpost Log Homes de Mandan, a unos 64 kilómetros al norte, construyó el encofrado de madera de la iglesia de Santiago luego de sugerir el concepto de troncos de balsa que suben en espiral para imitar los postes de una tienda  india y con piezas en cruz que añaden el efecto del atrapasueños. Jordan Shelltrack, un joven miembro de la congregación que leyó un pasaje del Apocalipsis durante el oficio, bosquejó el plano del suelo. Más detalles acerca del proceso de la planificación pueden encontrarse aquí. Una colección de fotos de la página de Facebook de la congregación aquí recorre las faces de la construcción.

De mayo a septiembre, la congregación se reunió para el culto en un salón de banquetes de propiedad tribal, Prairie Knights Casino and Resort, a unos 16 kilómetros al sur de la iglesia, y los miembros acudieron después allí para una comida. El nuevo edificio ha sido utilizado por los 60 miembros del grupo de jóvenes de la parroquia para reunirse todos los miércoles por la noche.

La iglesia episcopal de Santiago en Cannon Ball, Dakota del Norte, antes de que un incendio destruyera la propiedad el 25 de julio de 2012.

La iglesia episcopal de Santiago en Cannon Ball, Dakota del Norte, antes de que un incendio destruyera la propiedad el 25 de julio de 2012.

‘Uno de los pueblos más difíciles de Dakota del Norte’

La congregación de Santiago se estableció en 1890 en Cannon Ball, que es parte de la Reserva Permanente de Indios Sioux de Cannon Ball, y ha sido el hogar de generaciones de episcopales, dijo Floberg.

Cannon Ball, en la parte centro sur del estado, fue el primer lugar en que se estableció la Iglesia Episcopal en la reserva de Dakota del Norte. Otras tres congregaciones remontan sus raíces a Santiago, según la página web diocesana. Los oficios incluyen himnos en legua dakota.

En la página web de la diócesis, la congregación dice encontrarse en “uno de los pueblos más difíciles de Dakota del Norte. Los niveles de alcoholismo y de desempleo son muy elevados. Pero no vamos a darnos por vencidos”. Ese pensamiento estaba escrito antes de que el incendiario hiciera su obra.

“La iglesia era una roca en el cimiento de la pequeña comunidad de la reserva”, dijo el Bismarck Tribune en un editorial del 21 de noviembre que alentaba a la comunidad en su continuo servicio a la gente del lugar.

Alrededor de 875 personas viven en la zona de Cannon Ball, de los cuales 813 son nativoamericanas, según el Censo de 2010.

Conforme a uno de los criterios, el ingreso promedio en 2011 fue de $25.504; en comparación con $51.704 del estado como un todo, y el ingreso per cápita es de $9.597, mientras el promedio del estado se acerca a $26.000.

La participación de la Iglesia Episcopal con los sioux comenzó de mediados a fines del siglo XIX después de la sublevación dakota de 1862 en la vecina Minnesota que dio lugar a que el gobierno de Estados Unidos los deportara a las reservas de Dakota del Sur. Inmediatamente después de la guerra de Secesión, el gobierno federal les ofreció tierras a varias denominaciones cristianas a cambio de su complicidad en el empeño de obligar a los indios a asimilarse a la cultura de los colonos blancos mediante el sistema de reservas del gobierno federal.

La Iglesia Episcopal ayudó a llevar a cabo ese plan, principalmente al este del río Misurí. La Convención General de 1871 creó el Distrito Misionero de Niobrara, que incluía partes o la totalidad de lo que son ahora Dakota del Norte, Dakota del Sur, Wyoming y Nebraska. Los episcopales que viven dentro de las fronteras de ese distrito anterior todavía se reúnen en convocación cada mes de junio.

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.